Con palabras angustiosas Mariana Sánchez escribió a la sección Paño de Lágrimas del periódico HOY en busca de ayuda.
“Descubrí a mi pareja haciendo algo en lo que no dejo de pensar. Me desperté porque escuché ruidos, como una especie de gemidos. Pasados unos segundos, me di cuenta que él se estaba tocando sus partes íntimas con frenesí. Disimuló, como si se despertara sobresaltado y yo me hice la dormida”.
La primera reacción de Mariana Sánchez y de la mayoría de personas que descubren de la noche a la mañana que su pareja se masturba, es la misma: ¿Será que tiene otra que lo hace soñar con fantasías sexuales? ¿Será que ya no lo excito?
La respuesta de Alonso Acuña, el sexólogo más veterano del país, es un NO rotundo: “En el pasado, la masturbación era literalmente temida. Se consideraba algo pecaminoso y hasta enfermizo. Hoy, por el contrario, se sabe que el acto sexual consigo mismo es una fuente de inmenso placer, un excelente ejercicio aeróbico y una forma muy saludable de descarga emocional”.
Para el sexólogo, la autoestimulación es tan antigua como el hombre y tan practicada como el sexo mismo, no solo por hombres sino también por mujeres. Así lo demuestra una investigación realizada en Colombia por Acuña. “Estudiamos 758 parejas que manifestaron ser felizmente casadas. El 35 por ciento de los hombres reveló que se masturbaba en forma solitaria”.
La razón expuesta por los encuestados en el estudio: “La masturbación es un acto de libertad. No hay que pedirle permiso a nadie, ni esperar que el otro esté dispuesto o que esté excitado. Tampoco existe la angustia de procurar que llegue al orgasmo”.
Pero el mito no deja de rondar esta práctica. El siquiatra sexólogo Gabriel Jaime Montoya señala: “El mito es uno de los aspectos que más afecta a la sexualidad saludable. Lo cierto es que, hasta hoy no hay ninguna prueba científica de que la realización de automasajes en los genitales con fines lacenteros cause alguna enfermedad física o mental”.
Otra cosa es la masturbación compulsiva, que conduce a la persona a hacerse daño físico en los tejidos del pene o a realizar la autoestimulación en público.
“Esta forma ‘patológica’ es escasa. Está más ligada a personas que tienen retraso mental y que no ejercen control sobre su conducta”, anota Montoya.
De lo contrario, agrega el siquiatra, esa práctica solo tiene ventajas: “Se le recomienda a las mujeres solas, en la tercera edad. Es terapéutica en casos de disfunciones sexuales porque la persona se conoce a sí misma y puede identificar mejor los puntos sensibles que lo llevan a la cima del placer. Esto lo aplica con la pareja y mejora la sexualidad de ambos. Lo único que hay que tener claro es que no es una fase que sustituye el sexo entre dos, sino que lo complementa”.
La frecuencia y la intensidad, otro de los mitos de la masturbación, tampoco es problema.
“Una vez al mes, a diario, una vez por semana. En ningún caso es enfermizo si la persona se siente bien con lo que está haciendo. El problema se presenta cuando hay sentido de culpa o cuando impide la normal realización de las actividades cotidianas: trabajar, estudiar”, anota Gabriel Montoya.
En el mismo sentido opina el sexólogo Alonso Acuña. “Aquí hay que preguntarse primero ¿Qué es demasiado en el sexo? Si un joven de 15 años se puede masturbar cinco veces al día es algo natural. Si un adulto tiene tanta energía para hacer lo mismo, maravilloso. Eso no tiene nada de averrante si se hace en solitario. No tiene por qué afectar la sexualidad en pareja.
Simplemente, hay personas que tienen excedente erótico: él quiere sexo tres veces a la semana y ella una vez cada 15 días”.
En términos prácticos hay masturbación en grupo, en pareja y en forma individual, esta última, según el sexólogo Alonso Acuña es la verdadera.
“En mi concepto, la masturbación es la que se hace en solitario. Cuando una mujer masajea el pene del hombre o a ella le estimulan el clítoris, se trata de caricias eróticas. Si cada uno lo hace de manera individual es masturbación , un acto de intimidad consigo mismo que refuerza las fantasias sexuales”.
Según el siquiatra sexólogo Gabriel Jaime Montoya, la autoestimulación no siempre conduce al orgasmo o a la eyaculación. “En ocasiones es un preámbulo, un juego erótico absolutamente normal. Nuestro cuerpo es reactivo. Aceptamos que los ojos y oídos reaccionen ante un estímulo visual y auditivo y se rechaza la masturbación como algo repudiable. En realidad se trata de lo mismo, el cuerpo reaccionando ante el estímulo sexual”.
Es tal la buena fama que tiene la masturbación en el mundo, que, en algunos países las políticas de sexualidad están promoviendo esta práctica como una forma del sexo seguro.
Claro está, el asunto es parte de la libertad individual. “No se trata de promover la masturbación como estrategia para reemplazar la sexualidad conyugal. Los integrantes de una pareja pueden hacerlo regularmente y continuar su vida sexual sin problemas. Como también puede haber parejas que nunca lo hagan y, de igual manera, ser completamente normales y felices”.
- Es algo innato
Desde que el niño nace, la exploración de su sexualidad es algo natural. Desafortunadamente, desde esa temprana edad recibe mensajes errados de parte de los adultos: “No te toques los genitales”, advierten las madres a sus pequeños.
“Lo ideal sería que los padres enseñaran a sus hijos a cuidar su cuerpo y a seleccionar quién los va a tocar. De esa manera habría menos problemas sexuales y hasta disminuiría el abuso”, recomienda Gabriel Jaime Montoya.
La masturbación , para los expertos, no es otra cosa que la búsqueda de un mayor placer sexual, uno de los derechos conquistados por las nuevas generaciones. No en vano, cada vez se inventan más estrategias para que el sexo en los seres humanos vaya más allá del instinto animal de reproducirse.
Así, aunque la masturbación suele realizarse con las manos, en la actualidad existe un sinnúmero de juguetes sexuales que buscan el mismo fin: la excitación y el placer infinitos.
Para nuestros países, el asunto aún sigue siendo un tabú. En cambio, las naciones orientales tienden a vincular menos el placer con el pecado.
Inclusive, en ocasiones, cuando un niño llora, las madres le tocan los genitales para calmar su llanto.
“La masturbación es algo natural. Sin embargo, no hay nada que reemplace una relación coital natural y perfecta. Es más común en el hombre porque en la mujer hay más autocensura. También porque la sexualidad de los dos es distinta: para ellos el sexo es más instintivo, obedece a una necesidad más urgente. Para la mujer, en cambio, la intimidad tiene un tinte más afectivo, requiere más tiempo”.
Adriana Triana Quijano, sicóloga